Las fracturas óseas son lesiones tisulares complejas que afectan tanto al tejido óseo como a los tejidos blandos circundantes. Durante la fase de reparación se pueden observar tanto trastornos circulatorios locales como manifestaciones del dolor, inflamación e inmovilidad. La enfermedad fracturaria tiene su origen en la activación de nocirreceptores en los tejidos y en la pérdida de solicitaciones mecánicas del complejo osteo-muscular. Como consecuencia, los miembros inferiores pierden el apoyo y los superiores la movilidad.
Contrario a lo considerado popularmente, la movilización completa, activa e indolora del miembro o sector afectado ayuda a la rápida revascularización del hueso y otros tejidos afectados, favorece la nutrición del cartílago y previene el desarrollo de artrosis postraumática.
Fundada en 1958 en suiza, establece cuatro principios básicos para una osteosíntesis adecuada:
La fractura es una interrupción en la integridad del hueso, usualmente producto de una sobrecarga. Como regla general, a mayor energía de impacto recibida, mayor cantidad de fragmentos se generan. Por otro lado, el tipo de fractura depende de la forma en la que se aplicó la carga:

Durante la fractura, la implosión generada produce daños importantes sobre las partes blandas y deteriora la circulación tanto intercortical como localmente.
La consolidación natural de las fracturas puede producirse no respetando los ejes naturales anatómicos. Esto trae como consecuencia problemas secundarios de remodelación ósea, desalineación de cargas, entre otros.